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martes, 27 de mayo de 2008

De la escopeta de un solo caño al rifle express

A Gregorio, José Ignacio y Sergio no sólo les une el apellido Tobías. Abuelo, padre e hijo comparten también la pasión por la caza. Con ellos, recorremos la historia cinegética de los últimos 75 años, analizando cómo han evolucionado las armas y las municiones. Disfruten de la caza vista y contada desde tres generaciones.

Gregorio Tobías: El abuelo
Villoslada de Cameros es un pequeño pueblo riojano situado en el corazón de la Sierra Cebollera. Con el río Iregua a sus pies y rodeado de naturaleza, ofrece un paisaje maravilloso. Allí, sentado frente al portal de su casa, nos recibe Gregorio Tobías, el primer protagonista de nuestro artículo. La blancura del pelo y las arrugas de la cara dan cuenta de sus 83 años, mientras la callosidad de sus manos demuestra la dureza del trabajo en el campo. Comentamos el silencio y la tranquilidad que reinan en el pueblo, pero enseguida nos metemos de lleno en la historia:


La historia de Gregorio comienza en Torrecilla en Cameros en 1925: “Yo nací y me críe en Torrecilla, pero cuando tenía ocho años murió mi padre. Para mi madre era imposible criar a tantos hijos (eran 5 hermanos) y decidió que me fuese a vivir con un tío soltero a Villoslada”. Este tío del que nos habla fue la persona que impulsó su afición por la caza: “Siempre me llevaba con él al monte y enseguida empezó a gustarme. Al principio no me dejaba disparar porque era muy pequeño pero yo me las ingeniaba para cazar. Ponía lazos en las sendas y había días que cogía 3 o 4 piezas entre conejos y liebres”.

Pero todavía tendrían que pasar tres años hasta que Gregorio recibiese su primera arma de fuego: “Con 11 años mi tío decidió que ya podía darme una escopeta. Era de un caño y se cargaba manualmente con pólvora y perdigones por la boca”. Ante nuestro asombro, reconoce que “ha cambiado mucho todo; ahora la mayoría de escopetas son repetidoras”.

A pesar de ser consciente de los avances tecnológicos en armas y municiones, Gregorio nos confiesa que es “poco amigo” de los cambios: “Una vez que me acostumbro a algo no ve gusta cambiar”. Por eso, sólo ha tenido dos escopetas en su larga experiencia cinegética: “Con la escopeta de un caño pase toda mi juventud. Después, ya casado, me compré la paralela”. Se refiere a la Sarrasqueta modelo “00” que nos acompaña, recostada contra la pared de piedra.
Para Gregorio resulta imposible calcular la cantidad de piezas que ha cobrado con esa escopeta: jabalís, ciervos, corzos, zorros, conejos, liebres, etc. Sin embargo, está seguro de cuál ha sido siempre su modalidad de caza preferida: “el paso de la paloma”.

Antes de despedirnos, nos cuenta que se mantuvo en activo hasta los 78 años: “Después se me ha estropeado mucho la vista y no quiero ir”. Pero su pasión por la caza sigue intacta; a pesar de vivir en Vitoria, su hijo José Ignacio lo visita con frecuencia: “Siempre trae historias de caza para contarme”, concluye.

José Ignacio Tobías: El padre
Vía telefónica, José Ignacio se declara “un perdicero empedernido” y se muestra orgulloso por ser el eslabón cinegético entre su padre, Gregorio, y su hijo, Sergio.

José Ignacio ha conocido lo viejo y lo nuevo; ha vivido en persona la evolución tecnológica de armas y municiones: “Cuando comencé a cazar con mi padre, todos los cartuchos eran de cartón. Recuerdo especialmente su olor”, dice. Nos cuenta, también, que el uso de este material suponía a veces un grave problema: “Cuando llovía, se hinchaban los cartuchos y no se podían meter en la escopeta. Si lograbas introducirlos a la fuerza, después tardabas mucho tiempo para sacarlos”.

Por ello, valora los avances que se han producido, pero se muestra cauteloso: “Hoy en día no todo es bueno; hay cartuchos buenos, malos y regulares. Además, mucha gente no sabe elegir la munición en función de la pieza”.

Incluso, con respecto a las armas, considera que las escopetas de antes eran “más fuertes y estaban hechas de mejores materiales”. Pese a ello, él si que ha renovado más veces su armero: “He tenido 5 paralelas diferentes y ahora que también le doy a la caza mayor tengo una repetidora y un rifle”.

Sergio Tobías: El nieto
Hablamos con Sergio en la Universidad Autónoma de Madrid, donde estudia. Pese a su juventud, parece todo un experto del mundo cinegético. Para él, hablar de caza implica recordar a su padre y a su abuelo: “Durante la temporada de caza, iba todos los domingos a las perdices con mi padre. Cuando se cerraba la veda, contaba los días que faltaban para que llegase el verano, porque lo pasaba entero en Villoslada en casa de mis abuelos”.

Mientras que su padre lo inició en la caza menor, fue su abuelo quién le enseñó las claves de la caza mayor: “En verano salía con mi abuelo a cazar jabalís o ciervos. Era mucho más emocionante porque íbamos de furtivos”. Según Sergio, su abuelo estaba acostumbrado a cazar sin ninguna ley o reglamentación.

Esa emoción ante la posibilidad de ser descubiertos por el guarda o por la Guardia Civil, junto con la espectacularidad de los lances de jabalí, fueron, para Sergio, las causas que hicieron que se decantase por la caza mayor.

Ahora, apenas sale al conejo y la perdiz; cuando tiene tiempo libre, prefiere ir de batida: “Esta temporada ha sido floja; sólo he matado un jabalí en los cinco fines de semana que he podido ir”. En uno de ellos, estrenó su nuevo rifle, un regalo de su padre por las buenas notas: “Es un rifle express Browning; una pasada”.

Ante su padre y su abuelo, se siente “un afortunado por pertenecer a la época de la alta tecnología”. Pero al mismo tiempo, sabe que sobre él recae una gran responsabilidad: como último eslabón de la saga, la continuidad de esta afición familiar está en sus manos.

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martes, 20 de mayo de 2008

Más cerca del “perdigón ecológico”

Hace unas semanas, les contábamos que las empresas del sector armamentístico se habían lanzado en busca del cartucho biodegradable. En esa carrera, la marca Eco Global Shot ha sido la primera en llegar a la meta: bajo el encargo de la Real Federación Española de Caza, ha presentado un boceto de “perdigón ecológico”. El nuevo material mejora las condiciones del acero pero todavía no iguala las características del plomo. Mientras se realizan las pruebas balísticas necesarias, hemos consultado la opinión de varios cazadores.

“Mejor que el acero pero peor que el plomo”. Así de tajante se muestra Santiago Pascual, cazador riojano de 57 años, cuando le preguntamos que opinión le merece el nuevo material utilizado por la empresa Eco Global Shot para la fabricación de “perdigones ecológicos”. Nos sorprende su grado de decisión, ya que el citado material se encuentra todavía en periodo de prueba. Pero todo tiene una explicación: Santiago nos muestra el último ejemplar de la revista La caza y su mundo.

En el interior, encontramos un artículo de Pedro A. Suárez, colaborador habitual de la publicación, que ha probado en exclusiva para la Real Federación Española de Caza la nueva munición ecológica. Desde su punto de vista, “mejora muchísimo al acero y, además, no tiene ninguno de los inconvenientes de dicho material”. Sin embargo, para Suárez, el producto de Eco Global Shot “no es un sustituto equivalente al plomo”, elemento que normalmente se ha utilizado en los cartuchos de caza.

Al parecer, se trata de un metal líquido al que se le inyectan partículas sólidas de otro metal llamado ferro volframio, a través de una técnica denominada ODS (dispersión partículada).

Por sus características, Suárez entiende que “es un material que iguala al plomo en maleabilidad”, e incluso lo supera en dureza. En cambio, se presenta como “un material con peor densidad, peor trayectoria y menos energía de disparo que el plomo”.

Estas desventajas preocupan especialmente a Marino Ceña, cuya modalidad cinegética preferida es el rececho: “Para tiros de batida, a corta o media distancia, puede ser un material válido, pero no lo es para recechar, donde muchas veces se dispara a más de 100 metros”, indica. A pesar de este handicap, nuestro entrevistado prefiere ser “objetivo” y también destaca un punto positivo de la nueva munición: el precio. Los nuevos perdigones serán, aproximadamente, un 30% más caros que los de plomo, cantidad muy inferior a los incrementos de 300% o 400% que suponían otras alternativas como la del acero.

Todas estas razones de distancia y precio, son menores, en cambio, para Miguel López. Este cazador soriano considera que el gran logro de la nueva munición es la compatibilidad con cualquier tipo de arma: “si los cazadores no tenemos que cambiar de escopeta será mucho más fácil que se acepten estos perdigones; sino lo veo difícil”.

Mientras los cazadores construyen sus propias opiniones, la Real Federación Española de Caza sigue evaluando la validez de los “perdigones ecológicos”. En este momento, la munición se está probando en humedales de Cataluña y la Comunidad Valenciana. Del resultado de estas pruebas depende el futuro del cartucho biodegradable. En caso de llegar a buen puerto, la Federación habrá matado dos pájaros de un tiro: por un lado, se ajustará a la nueva Ley de Patrimonio Natural y la Biodiversidad, que prohíbe el uso de plomo en humedales; y por otro, dará respuesta a una demanda histórica del colectivo de cazadores: fabricar una munición respetuosa con el medio ambiente, para acallar la voz de aquellos que critican la actividad cinegética.

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martes, 13 de mayo de 2008

Con todas las de la ley

Durante semanas, les hemos presentado las mejores escopetas y rifles del mercado y hemos analizado sus características. Sin embargo, nunca hasta ahora nos habíamos planteado cuestiones como estas: ¿dónde se deben guardar las armas?, ¿cómo se deben trasladar?, ¿qué ocurre en caso de pérdida o robo? Conocer su respuesta puede ahorrarnos sanciones y serias consecuencias legislativas. Por ello, hemos acudido al Reglamento de Armas para saber cómo practicar la actividad cinegética con todas las de la ley.

Las escopetas son armas documentadas de la categoría 3ª.2, para las que se necesita una licencia de armas tipo “E”. En cambio, los rifles pertenecen a la categoría 2ª.2 y requieren una licencia tipo “D”. Por ello, dentro del Reglamento de Armas encontramos algunas diferencias en el trato legislativo que se les otorga.

Dónde guardar las armas
Según el Reglamento de Armas, éstas se deben tener “en lugar seguro”. Así, establece que los rifles se guardarán “en los propios domicilios de los titulares, en cajas fuertes o armeros autorizados”. Por su parte, las escopetas también deben depositarse en el hogar de su propietario, pero no es obligatorio poseer un armero.

El problema para muchos cazadores reside en determinar qué es “un lugar seguro” y qué se entiende por “propio domicilio”. Según Jorge Pérez, miembro de la Intervención de Armas de la Guardia Civil, “se trata de una cuestión de sentido común”. Por ejemplo, dice, “lo más normal es guardar las armas en la habitación de la casa menos frecuentada: trasteros, altillos, etc”. Para él, “lo más importante no es evitar una multa sino evitar una posible desgracia familiar o sucesos de los que podamos arrepentirnos toda la vida”. Por eso, Jorge también aconseja “colocar las armas de forma que no sean visibles y que no estén al alcance directo de los niños”.

Sin embargo, Jorge tiene más dificultades a la hora de interpretar que se entiende por “propio domicilio”. Considera que “el empadronamiento del titular del arma se tendrá en cuenta a la hora de fijar su residencia habitual”, pero cree que la cosa se complica en el caso de segundas viviendas. Aunque él personalmente opina que “también se deberían considerar como domicilio propio a efectos de poder guardar allí las armas de caza”, en realidad se trata de un asunto que queda en el aire.

Cómo trasladarlas
Aquí, el Reglamento de Armas es mucho más claro y no deja lugar a dudas. Fija que “solamente se podrán llevar armas reglamentarias por las vías y lugares públicos urbanos, y desmontadas o dentro de sus cajas o fundas, durante el trayecto desde los lugares en que habitualmente estén guardadas o depositadas hasta los lugares donde se realicen las actividades de utilización debidamente autorizadas”. Únicamente, olvida un aspecto: aunque las armas vayan dentro de sus cajas o fundas, siempre tendrán que estar descargadas, algo que también forma parte de ese “sentido común” del que nos hablaba Jorge.

Qué ocurre en caso de pérdida o robo
El Reglamento de Armas nos dice que estamos obligados a “adoptar las medidas necesarias para evitar su pérdida, robo o sustracción”. En caso, de que nos ocurra alguno de estos supuestos, debemos acudir “inmediatamente” a la Intervención de Armas de la Guardia Civil a declarar. Pero para nuestra desgracia, el hecho no terminaría aquí; en el capítulo de sanciones vemos que nos correspondería una multa de hasta 3.000 euros para escopetas, y de hasta 6.000 euros en el caso de que se trate de un rifle.

En resumen, que además de quedarnos sin arma, nos pueden meter una buena multa. Por eso, les invitamos a que sigan nuestros pasos y consulten el Reglamento de Armas; como todos sabemos, el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento.

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martes, 6 de mayo de 2008

Winchester Classic Super Safari Express: “El matagigantes"

Precisión, potencia y fiabilidad. Estas son las 3 características que definen la Winchester M70 Super Express, un rifle capaz de detener el furioso ataque de un animal de 500 kg.

Desde sus inicios, este rifle siempre ha estado vinculado a la caza en safaris. De hecho, su propio diseño fue concebido para ese fin: ser utilizado en la sabana africana y para abatir las especies peligrosas de América del norte.


Este rifle, denominado como “Matagigantes” debe gran parte de su fama a su excelente diseño y a la gran calidad de sus acabados. Todas las piezas que componen este rifle han sido cuidadas y tratadas hasta el más mínimo detalle. En este sentido, destacan su armadura de madera de nogal, su largo y pesado cañón de ánima rayada (61 cm), su seguro de tres posiciones y su excepcional sistema de cerrojo. El Winchester Super Express posee un cargador interno con capacidad para 3 proyectiles que se introducen dentro de la cámara gracias a la acción del cerrojo. El suave funcionamiento de este mecanismo facilita el manejo de esta arma, un poco pesada (4,5 kilos). Para reducir el incómodo efecto de retroceso este rifle también presenta una suave almohadilla en el extremo de la culata, e incluso ofrece la posibilidad de incorporar un freno de boca.

Sin embargo, seguramente, el aspecto más destacado del Winchester M70 Safari es el extractor de su cerrojo, tipo Mauser Pre-’64. Este extractor sujeta perfectamente la vaina, impidiendo cargar dos cartuchos a la vez (la vaina utilizada y el cartucho posterior).

Otros dos elementos que hablan por sí solos de la calidad que atesora el clásico Super Express son su doble anclaje y la disposición de la correa de transporte. E doble anclaje ofrece una mayor robustez al arma. En el caso de la correa, mantiene el diseño de los rifles de gran retroceso de hace.

Con el paso de los años, la popularidad del Winchester M70 Super Express ha ido en aumento, de tal forma que se ha convertido en un arma de leyenda.

Hoy en día, cobra una gran importancia el hecho de que este rifle haya salido de la mítica fábrica de New Haven. Tras el cierre de la planta en marzo de 2006, Winchester ha dejado de fabricar el modelo M70 en territorio estadounidense, pasando a producirse en las plantas que FN Herstal posee en Europa. Por este motivo, el clásico Super Express puede convertirse en los próximos años en una pieza de gran valor entre los coleccionistas que busquen un buen rifle Winchester de safari, hecho en Estados Unidos, y que ofrezca un excelente rendimiento en la caza de especies peligrosas.

¿Qué más se puede pedir? Un arma que se convierte en un seguro de vida para los cazadores que quieran asegurar las piezas más valiosas. Un sueño no sólo para cualquier profesional, sino para aficionados que dispongan, eso sí, de una gran cuenta corriente, que les permita adquirir esta verdadera joya de la armería.

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martes, 29 de abril de 2008

Las armas y el calor

Inmersos en la profunda primavera, poco a poco se van acercando los días de sol, calor y, con ellos, las temperaturas elevadas, algo que puede influir notablemente sobre el estado de nuestra arma.

Esta semana les aconsejamos como deben conservar su herramienta de trabajo durante los próximos meses, para evitar tanto su deterioro como un posible accidente a causa de ello.

No obstante, este sencillo procedimiento no excluye de su cumplimiento a los cazadores del norte (donde la climatología es mucho más benévola) ni a los que sólo practican batidas (en otoño e invierno), pues cualquier ambiente demasiado cálido alrededor del arma, aunque estemos en diciembre, también puede resultar fatal.

El mito de que el calor es beneficioso para la pólvora parte de que antiguamente se empleaba la denominada “pólvora negra”, cuyos componentes atraían la humedad. Lógicamente, el hecho de ponerla al sol la secaba y optimizaba su rendimiento.

Pero la pólvora que se utiliza hoy en día (“pólvora sin humo”), está basada en otros ingredientes y en el principio de combustión de la materia. Mientras la pólvora antigua era un explosivo, la actual genera unos gases que hacen subir la presión. En función de los niveles que alcance ésta, la bala saldrá disparada a mayor o menor velocidad.

Por ello, es importante conservar en su temperatura justa nuestra arma y nuestra pólvora. Si están sometidas a demasiado calor se producirá un aumento de la presión y también de la velocidad, con lo que variará el punto de impacto. En el peor de los casos, y más si hablamos de armas de fogueo (perdigones), las balas pueden deformarse y nuestra herramienta reventar.

¿Qué podemos hacer para evitarlo? En primer lugar, conservar el arma en un lugar fresco y seco, a imagen y semejanza de muchos alimentos. Algunos cazadores optan por guardarla en una pequeña nevera que mantiene una temperatura entre 20 y 25 grados. Pero obviamente, lo principal es no dejarlas almacenadas en sitios con facilidad para ganar temperatura, como un maletero o una guantera.

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martes, 22 de abril de 2008

El Permiso de Armas

A raíz de una conversación mantenida con una lectora, a través de nuestro último post en la sección de armas, esta semana os hablamos de un tema sobradamente conocido para los ya cazadores, pero que seguro interesará enormemente a aquellos aspirantes a serlo y también a gente curiosa (o crítica) que desee saber más acerca de esta nuestra práctica preferida: la obtención del Permiso de Armas, cuya tramitación depende directamente de la Guardia Civil.

Los aspirantes a conseguirla deben superar, en primer lugar, un reconocimiento médico físico y psíquico, similar al realizado antes de examinarse del carné de conducir. Junto a este test psicotécnico, es necesario presentar el historial de antecedentes penales.

Si todo está en orden, el candidato tendrá vía libre para presentarse al examen para conseguir el Permiso de Armas. La prueba es teórico-práctica. Para la parte teórica hay que estudiar un libro con cuestionarios. A diferencia del manual para el examen del cazador, este manual se centra en las armas; habla sobre sus calibres, su estructura, el modo de limpiarlas, etcétera. También recoge las infracciones y las sanciones, ordenándolas en función de su gravedad.

Superada la parte teórica llega la práctica, que consiste en acudir a un campo de tiro y efectuar varios disparos. A los participantes se les exige que monten el arma y que disparen a una diana.

Ya que esta lectora nos preguntaba también nuestra opinión al respecto, creemos que el examen del cazador (para obtener la Licencia de Armas) y la primera parte de la prueba para el Permiso enseñan suficientemente bien al alumno el marco teórico. En cambio, pensamos que es necesaria una mayor preparación práctica sobre el manejo de las armas. Se deberían dar varias clases donde se efectuasen disparos en diferentes situaciones, por ejemplo.

Pero sobre todo, somos críticos con el reconocimiento físico y psíquico que se debe hacer antes de presentarte al examen para el Permiso de Armas (y cada vez que se quiera renovar después). Al igual que ocurre en el carné de conducir, no se hace un estudio psicológico profundo; es un mero trámite para cobrarte 30 o 40 euros. Nosotros haríamos un reconocimiento psíquico mucho más exigente para evitar que personas con problemas mentales puedan portar armas. Y también controlaríamos mucho más el estado en el que algunos cazadores van a practicar la actividad cinegética. Haríamos controles de alcohol como los de tráfico, porque pensamos que el sol y sombra no es el mejor desayuno para aquellos que van a tener durante horas un arma en sus manos.

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martes, 15 de abril de 2008

La limpieza como medida preventiva

Una climatología adversa, una gripe inoportuna… existen numerosas razones que de un momento a otro pueden dejarnos con las ganas de disfrutar de una jornada de caza que esperábamos expectantes desde hace tiempo. Pero pocos de estos motivos llegan a desesperar tanto como el hecho de tener que suspender nuestra jornada… por tener sucia el arma.

La limpieza de nuestro rifle al finalizar una sesión de cacería es fundamental para garantizar la larga vida del instrumento más indispensable para un cazador. Por ello, esta semana analizamos como llevar a cabo este proceso de conservación y escogemos los productos adecuados para hacerlo.

Cada vez que disparamos quedan en el cañón de nuestra escopeta residuos de pólvora, que debemos limpiar siempre antes de que aparquemos el arma hasta nueva ocasión. De no hacerlo, la acumulación de suciedad provocará la paulatina pérdida de precisión del aparato y éste poco a poco comenzará a funcionar peor, hasta su inutilización en el peor de los casos.

Evitar este desastre está en nuestras manos. Basta con pasar un cepillo de bronce con disolvente, unas 20 veces por ánima (el hueco del cañón) y limpiar posteriormente el cepillo con Metanol.

Respecto al revestimiento de madera del arma, es importante lavarlo con un trapo húmedo al acabar la jornada, ya que el polvo y la tierra del terreno le llegan de lleno y una pequeña mota o grano de arena puede llegar a causar estragos. Apoyaremos la acción del paño con bastoncillos de oídos o palillos para lugares de complicado acceso. Si la superficie ha sufrido rasguños, normalmente con rociarla con una capa de cera incolora es suficiente, aunque si hablamos de daños mayores recurriremos a ceras especiales para madera.

Finalmente, debemos asegurarnos de que la funda en la que guardamos el rifle está completamente seca, pues algún resto de sudor o agua de lluvia podría llevar a la oxidación de nuestra arma.
Este simple y mecánico proceso es fundamental en la conservación de nuestra arma, pues no sólo nos servirá para que nos dure mucho tiempo, sino también para evitarnos sustos y contratiempos fácilmente eludibles.

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martes, 8 de abril de 2008

Armas y complementos para recechar

Se acerca el verano y con él la temporada de recechos. Hablamos de una modalidad de caza que resulta muy diferente en función de la especie y el lugar donde se cace. Sin embargo, todos los recechos tienen dos cosas en común: el tiro se efectúa sobre un animal parado pero a mucha más distancia que en una batida. José María Martínez Rodrigo, practicante regular de este tipo de caza, nos muestra su equipo: todo lo necesario para un buen rececho.

Rifle
En primer lugar, José extrae su rifle, un Winchester de calibre 243. En su opinión, “es el mejor calibre que se puede utilizar para un rececho”. Mientras que en una montería necesitamos un rifle que dispare los cartuchos más potentes posibles, en el rececho se buscan armas más manejables y de menor peso: “junto al 243 Winchester, que es de 6mm, destacaría el 08 Remington de 7 mm”. Ambos son monotiro, ultraligeros y con cañones cortos, mucho más cómodos para lugares de difícil acceso como la montaña. Según las indicaciones de sus fabricantes, son calibres perfectos para distancias no superiores a los 200 metros. “En caso de que el animal esté más lejos, debemos apuntarle ligeramente por encima, calculando la caída del proyectil”, indica nuestro entrevistado. Hay que conocer la tabla balística de cada cartucho y medir exactamente los metros de recorrido.



Medidor de distacia y visor
Para ello, José utiliza un medidor de distancia Bushnell, aunque reconoce que “este modelo ya está un poco desfasado”. Otras marcas como Leica o Swarovski han avanzado más y cada día comercializan modelos de medidores más pequeños (menos que un teléfono móvil) y ligeros (en torno a unos 300 gramos), con un mayor número de aumentos.
En caso de no disponer de estos aparatos, podemos calcular la distancia a la que nos encontramos de la pieza utilizando la retícula de nuestro visor. Se trata de una solución más casera que José nos cuenta mientras enseña su mira. Es una Zeiss multipropósito de tipo 1,5 x 42, “la mejor si el animal es grande (ciervo, rececho, etc) y la distancia no supera los 200 metros”, comenta.

Ropa y calzado
Después de esta clase armamentística, nos disponemos a marcharnos, cuando el entrevistado nos recuerda que olvidamos un elemento imprescindible: la indumentaria. Según él, se emplea “ropa de abrigo ligera, con contravientos que no hagan ruido; deben ser prendas impermeables y transpirables. En cuanto al calzado, “necesitaremos unas botas cómodas, que nos sujeten bien el pie y que se agarren al terreno”. Seleccionar el ajuar perfecto resulta tan importante como elegir un buen rifle y calibre. Todo influye a la hora de determinar que un rececho sea un éxito o un fracaso.

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martes, 1 de abril de 2008

En busca del cartucho biodegradable

A raíz de la polémica suscitada por la nueva Ley de Patrimonio Natural y la Biodiversidad, las empresas del sector armamentístico se han lanzado a investigar municiones más respetuosas con el medio ambiente. El cartucho biodegradable parece ser la mejor solución para un problema de contaminación que cada año acaba con la vida de 30.000 aves acuáticas.

Como ya les contamos hace unas semanas, más de 40.000 personas acudieron a la manifestación convocada por la Federación Española de Caza en protesta por la nueva Ley de Patrimonio Natural y la Biodiversidad. Entre otras cosas, la medida aprobada por la Ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, prohíbe el uso de munición con plomo en humedales.

Según estudios realizados por el Instituto de Recursos Cinegéticos del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), cada año se esparcen entre 3.000 y 5.000 toneladas de plomo. Los pájaros confunden los perdigones de los cartuchos con los guijarros que utilizan para moler el alimento y los ingieren. De esta forma, se calcula que unas 30.000 aves acuáticas pierden la vida.

Ante la gravedad de estos datos, los colectivos de cazadores han querido recordar su incapacidad para solventar el problema, dada la ausencia en el mercado de munición respetuosa con el medio ambiente: “Nosotros tenemos las manos atadas. Nos preocupamos por el medio ambiente tanto como cualquier otra persona pero no tenemos la culpa de que no haya cartuchos que no contaminen. Si existieran, aunque fuesen más caros, los compraríamos todos los cazadores, porque somos los primeros interesados en cuidar el campo”, afirma Juan Carlos Gutiérrez Berges, presidente del Coto de Caza de Villanueva de Cameros (La Rioja). En su opinión, los verdaderos culpables son los fabricantes de munición, a los que solicita que ofrezcan cartuchos biodegradables.

En realidad, su petición no es nueva; desde hace años, la mayoría de los grupos relacionados con la actividad cinegética se ha mostrado favorable al uso de ese tipo de munición. En ese sentido, incluso el propio Rey Juan Carlos, gran aficionado a la caza, ha demandado a la industria armamentística que avance en la búsqueda de productos más limpios, según informa El País.

De esta forma, con la patata caliente en sus manos, las empresas del sector balístico se han lanzado a investigar la creación de cartuchos biodegradables. Por el momento, la compañía Dynamit Nobel GMBH Explosivstoff es la que más ha avanzado en sus estudios. La firma alemana obtuvo en el 2004 una concesión europea por la cual posee la patente para la fabricación de cartuchos con elementos intermedios biodegradables.

Este invento supondría un paso muy importante para aquellos que persiguen casquillos totalmente respetuosos con el medio ambiente. De lograrse, sería una gran noticia para los defensores de la naturaleza pero también para los cazadores, que no paran de reivindicar su labor y contribución en la conservación ordenada del medio ambiente

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martes, 25 de marzo de 2008

Blaser F3 Sporting: Una superpuesta a gusto del consumidor

Durante años, la calidad de los materiales ha sido el principal sello de presentación de Blaser. Sin embargo, en esta ocasión la firma alemana ha querido dar un paso más; su objetivo ha sido lanzar al mercado una escopeta que marque las diferencias. La F3 Sporting es el resultado de más de dos años de trabajo.
La principal novedad de esta superpuesta reside en su estructura, que rompe con la división clásica de cañón, báscula y culata. La F3 Sporting es una escopeta totalmente modular, que permite variar su configuración en función de nuestras exigencias.
Un diseño tan espectacular puede convertirse en el elemento más llamativo, pero no debemos olvidar los avances que Blaser ha logrado en precisión y seguridad. Para el cañón, la marca alemana apuesta por el nuevo sistema Triplex, con ánimas de tres medidas diferentes. Esta técnica mejora la velocidad de los disparos, al mismo tiempo que reduce el retroceso de la detonación.
Por su parte, los expulsores disponen del novedoso dispositivo EBS (ejection ball system), que permite disminuir la presión de los muelles durante el disparo.

En cuanto a la seguridad del arma, principal preocupación de Blaser, la nueva F3 Sporting cuenta con un sistema inercial de bloqueo anticaídas, que previene de disparos involuntarios. Este dispositivo funciona indistintamente tanto con el seguro puesto como quitado.
Aún con todo ello, lo más reseñable, desde nuestro punto de vista, es el hecho de que la firma alemana haya introducido importantes avances sin que ello haya supuesto un resentimiento en su filosofía empresarial, que gira en torno a la calidad de los materiales. En ese sentido, los cañones están construidos en acero de primera calidad, lo que garantiza una fuerte resistencia a la oxidación. Y la madera, como es habitual en Blaser, proviene de nogal turco tratado en sus propios secaderos.
En definitiva, la elegancia y la más avanzada ingeniería se funden en una escopeta que satisfará todas sus expectativas.

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